Historia tribal IV [Relato corto]
- Onesimo

- Apr 23, 2020
- 6 min read
Updated: May 11, 2020

Zorro-del-pantano llevaba dando vueltas dentro de la choza un par de minutos, pensando. Pese a llevar aquí algo más de un mes conviviendo con los tribales, todavía no le había propuesto formalmente la alianza con Philly, aunque ambos sabían que era un tema candente que debían de solucionar de inmediato. Había esperado que ganarse su simpatía durante todo este tiempo hubiera contribuido a hacer las negociaciones ir viento en popa, pero claramente había subestimado la precaución del viejo caudillo frente a los forasteros. Finalmente, rompió el silencio.
― No, no, tu estancia no es suficiente para garantizar este tipo de acuerdo. ¿Doblegarnos por un extranjero sonriente? Nunca. No puede ser. Tiene que haber un compromiso, un favor, ¡algo!
Volvió a recorrer la cabaña abarrotada de artefactos y símbolos recuperados de las ruinas de la ciudad. Banderas rojiblancas, gafas de sol varias, miniaturas, monedas, y otras docenas de bagatelas y cachivaches que conservaban con celo religioso. Se paró en seco y se le iluminaron los ojos. Señaló a un subordinado que vigilaba la entrada.
― Llama a Pluribus y dile que traiga a toda la banda. Por fin vamos a recuperar lo que es nuestro.
Antes de que pudiera reaccionar, entraron cuatro hombres y una mujer, algunos a punto de empezar a protestar, el resto entusiastas y deseosos de bombardear al jefe con preguntas. Dos de los hombres eran altos y fornidos, como los hombres que le habían retenido cuando primero contactó con la tribu. Uno de los otros dos era llamativamente rubio, y el restante moreno y enjuto. La mujer era más alta que este último, aunque no por mucho. Les calló a todos golpeando el suelo con su largo bastón emplumado, y carraspeó para empezar a narrar.
― Hace siete años mandamos a esta patrulla a investigar una de las ruinas adyacentes a la aldea a la que todavía no habíamos entrado desde nuestra llegada. En este edificio descubrimos las pocas armas que conservamos, en taquillas y salas cerradas con candados. Sin embargo, ― hizo una pausa larga antes de continuar. ― había una sala completamente sellada. Ni martillazos, ni disparos, ni los hombres más fuertes de la aldea pudieron siquiera mover la puerta. No tenemos acceso a explosivos como vuestra nación, y aunque los tuviéramos, sospechamos que hay un gran arsenal de armas en el interior. Lo último que queremos es destruirlo, o que nos destruya intentando entrar. Quizás tu conocimiento de la urbe puede ayudar a nuestro pueblo. Si consigues entrar, nos considerarás tus amigos y aliados. Pongo a tu disposición a estos guerreros para esta monumental tarea.
La cabeza le daba vueltas. ¿Cómo demonios podría saber que le pasaba a la puerta? Era el sargento Whitman, no el ingeniero Whitman. Aunque era cierto que si alguien tenía la capacidad de hacer este tipo de misiones era él, eso no le hacía sentirse más confiado. Tendría que buscar algún tipo de información, y gracias a Dios en estas ruinas no faltaba conocimiento perdido que desenterrar. Recobró la compostura lentamente. Podría hacerlo funcionar, de alguna forma. Improvisar era su punto fuerte, o al menos así justificaron su presencia en esta misión diplomática. Se aclaró la garganta, y dirigió la mirada a su nuevo equipo.
― Muy bien, Zorro. Así sea. Saldremos mañana al amanecer a esta armería. Preparad armas y comida para un día. Nos familiarizaremos en el camino. Dormid todo lo que podáis.
Esa noche, después de limpiar cuidadosamente su arma (recientemente recuperada del bosque por el que vino) y preparar todo para mañana, se acostó en la angosta choza que le tenían asignada. Le atormentaron numerosas visiones insomnes. Una voz susurrante le inundó de palabras amargas y graves que provenían de un rostro arrugado y demacrado como las ruinas que conformaban la faz del nuevo mundo. La tierra palpita con historias de violencia. Sudores fríos le recorrían la espalda, pero estaba completamente paralizado. Eres una más de las historias enterradas bajo montañas de escombros. En torno al gesto cansado del hombre-ruina fluían ríos de colores escandalosos que le cegaron, obligándole a centrar la mirada en sus ojos vacíos. No todas las historias se mantienen yertas, el viejo mundo vive. Consiguió romper las cadenas que le ataban a la escena, y se descubrió de pie fuera de su choza, mirando fijamente al otro lado del río. Apenas pudo distinguir una luz tenue que proyectaba alargadas sombras grotescas contra los muros de hormigón. A veces era difícil recordar que los capitolinos estaban en guerra contra esta gente, viendo el poco combate que se veía. Tiritando de frío y confuso, volvió a su cama. Tardó más en dormirse, pero no soñó más.
Con el amanecer volvió el color a su piel, y los terrores de la noche no salieron de la oscuridad. Ya tenía una bolsa preparada con munición, un compás y comida cuando se encontró con parte de la patrulla, los dos más altos. Portaban mazas gemelas de madera labrada, ambos jóvenes y musculosos. Uno de los dos, el del pelo rizado y barba, estaba agazapado dibujando en la tierra con la punta de la maza. El otro tenía el pelo rapado en forma de cresta gruesa, lo que le hacía parecer todavía más alto de lo que era, y miraba aburrido a su alrededor. Cuando vio a Whitman, saludó agachando la cabeza.
― Bien, al menos eres madrugador para alguien del norte. Este es Douglass, yo Pluribus. Para ponerte al día, somos los mejores guerreros de la tribu. Habremos ganado once o doce torneos de invierno juntos, ¿eh? ―Douglass sonrió, y volvió a sus garabatos. ― El resto de la patrulla no se queda lejos, aunque no les digas que he dicho eso. Sequoyah, el rubio, no es de los más fuertes, pero que se hunda la tierra si no es valiente. No hay batalla en la que no haya participado. Capaz, muy capaz. El otro hombre es Turnbull. Él y ella, Peace, son rastreadores y exploradores excepcionales. Tienes un grupo de héroes. Será mejor que hagas buen uso de nosotros… sargento.
A Whitman le quedó claro que no tenía la simpatía del guerrero con la última frase, cargada de sarcasmo. Organizar a este equipo y completar esta tarea iba a ser más difícil de su carrera. Nunca había sido popular con las tropas, y había habido momentos muy feos en Atlantic City en las que un paso en falso le hubiera dejado con una bala “accidental” incrustada en algún punto del torso. Si lidiar con soldadesca hambrienta era difícil, no quería ni imaginar como podría tratar a una cultura completamente alienígena en combate.
Poco después llegó Sequoyah, portando una hachuela decorada con docenas de símbolos y elementos decorativos que supuso tendrían una función similar al rango militar en Philly. Mucho más tarde aparecieron los dos rastreadores. Turnbull parecía el más joven, constantemente sonriendo, y viendo su interacción pudo ver que Peace era casi una figura materna para él pese a que no debería de ser más de diez años mayor que él. Las diferencias dejaban claro que no eran hermanos. Se sorprendió cuando reparó en la cabeza de ella, completamente rapada. Pensó en las mujeres de Philly y Carlisle, de pelo corto, pero nunca calvas. Echó de menos su ciudad natal, pero se sacudió la morriña de encima rápidamente.
Revisaron una última vez el equipaje y partieron rápidamente, aunque el viaje era de apenas algo más de una hora tenían la intención de pasar gran parte del día allí. La caminata fue larga y principalmente silenciosa, salvando obstáculos como las montañas de escombros que bloqueaban la calle. Desde la cima de una de estas montañas, Turnbull señaló a un edificio prácticamente cubierto de vegetación explicando que esto era a donde iban. Sin embargo, otro lugar le llamó la atención. A su izquierda, se elevaba una enorme estructura circular con gradas en su interior, aunque había muchas partes que se habían caído por el paso del tiempo. Peace se dio cuenta de su sorpresa.
― Ah, veo que te gusta nuestro Memorium. A veces organizamos fiestas en los solsticios aquí, aunque como está lejos de la aldea principal no tiene mucho uso. Es impresionante, ¿no es así? Los Padres eran constructores fabulosos.
Asintió y continuó caminando con el resto del grupo. Estar rodeado de lo que antaño era la capital del mundo le hizo recordar el sueño de esa noche, y no quería recordarlo. Pero andar bajo la sombra del pasado monumental no era una sensación a la que era fácil acostumbrarse. Philly era parecida en este sentido, pero era una ciudad viva. Estar aquí le hacía sentir acechado por los fantasmas de los hombres y mujeres que una vez ocuparon esta metrópolis y gobernaron una republica desde el nacimiento del sol a su muerte en la otra punta de la nación. Cuando todavía estudiaba con los Nuevos Amigos, el joven Reverendo Doyle explicó que se aniquilaron a sí mismos por su avaricia y soberbia, ignorando los preceptos de paz mandados por Cristo. Sin embargo, cuando ya era maduro y había completado el servicio militar obligatorio, un borracho que solía ir a su taberna local un día insistió que el viejo mundo había sido reducido a cenizas por una disputa sobre una sola mujer a la que llamó Helena. Aunque era claramente absurdo, no pudo evitar pensar que quizás sí había sido aniquilado de forma ilógica, sin sentido o mensaje moral. Se quedó grabado a fuego en su cabeza. A lo mejor pisaba lo que en realidad fue el escenario de una obra de teatro que ocupaba todo el mundo, o un enorme manicomio. Quizás siempre había sido así la vida desde siempre y la ruina era el estado normal del mundo. A lo mejor eran en verdad dioses los hombres que construyeron lo que ya no se alza orgulloso como antaño. Prefirió no pensar más en ello, y avanzó distraído junto a sus compañeros capitolinos.
![Historia tribal III [Relato corto]](https://static.wixstatic.com/media/066ddd_414ae444cc2548e79192dceb2457df5e~mv2.jpg/v1/fill/w_980,h_785,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/066ddd_414ae444cc2548e79192dceb2457df5e~mv2.jpg)
![Historia tribal II [Relato corto]](https://static.wixstatic.com/media/066ddd_b8874467a5994c0da467b2c3dc066285~mv2.jpg/v1/fill/w_980,h_681,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/066ddd_b8874467a5994c0da467b2c3dc066285~mv2.jpg)
![Historia tribal I [Relato corto]](https://static.wixstatic.com/media/066ddd_afbc8fc94bd0423ebc9038b7ac882686~mv2.jpg/v1/fill/w_980,h_648,al_c,q_85,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/066ddd_afbc8fc94bd0423ebc9038b7ac882686~mv2.jpg)
Comments